domingo, 29 de julio de 2012

Día...

Y esas palabras, que yo no puedo escribir, tú las dijiste, tan feo, justo como yo las necesitaba sentir...
Gracias.

miércoles, 25 de julio de 2012

Día Visita.


Me había desacostumbrado a lo que hueles en mi almohada, me alejé del espejo y mi piel se arrugó.
El tapete que compramos juntas, los martes, tantos martes.
Lejos de mí misma, cerca de tus pupilas, el saberme sola, el saberte aquí. Ya no nos acomodamos en la cocina, descubrí una manera de hacer las cosas, olvidando que lo que aprendí gracias a ti tejió mi carácter, del que tanto presumo. Cada que pasa más el tiempo, y esta circunstancia tan sonada, me doy cuenta de que mi terquedad se acelera, se intensifica, como todas las veces que me quejé de ti misma.
No me puedo arrancar del pecho la película de las noches, ni el libro rasgado, mi ritual más apreciado es el rinconcito para inspirarme, recordar que aún me puedo sentir triste, para olvidarme de mis comodidades.
Lamento no poder llorar con las canciones que me cantabas de niña, lamento concentrarme en mi taza de café y mi cigarro, lamento hacerte sentir que me acostumbré a que no estés aquí. Y aún así sintiéndome tan pequeña, y sintiéndome tan grande a la vez, buscando un lugar en dónde realmente pertenezca, y sólo encuentro el lazo que nos une en el fondo de mi corazón.
Te veo grande, te veo niña, crezco y te veo más a fondo, me veo en ti, me caigo mal, te caigo mal, pero a nadie he amado más.


miércoles, 11 de julio de 2012

Día tanto.



Tantos días… tan diferentes.

He comenzado a tener una serie de encuentros con lo que ahora llamo personalidad, me he inundado en las letras y en mi apatía, me he sentido afuera, lejos, resumiendo mi vida en una serie de cajas de cartón repleta de mis pertenencias, como si esperaran a que mi carácter un poco desnivelado les indicara cuándo es el momento de salir.

Caminando y desesperándome, leyendo toda clase de letreros que me pudieran salvar la vida para poder sentir al final de la noche que descanso en mi propia cama, en mi casa, en ese lugar tan sincero, vacío del rencor, en dónde me sienta aceptada tal cual soy, incluso en mis días de neblina.

He comenzado a presenciar una serie de circunstancias que me hacen sentir cada vez más sola, pero más tranquila, me he salido de una burbuja difícil de asimilar, pero menos dañina, me he sentido sincera, melancólica y con los pies más en la Tierra que nunca. He comprendido que no toda la gente es buena, pero que la que realmente existe para hacer sonreír las personas, son contadas, y son a las que nunca vemos.

Y al final de cuentas, con la energía sin reservas, con la garganta raspada, sentándome en los rincones para inspirarme y con la distancia tan marcada, valoro cada detalle, como si fuera el último, como si no tuviera la oportunidad de acariciarlo, como si contemplara a la persona amada.

Pocos días, tantos cambios, con tantas ganas de invitarte a pasar a tomar un café, imaginando mi mesa con las flores que tanto me gustan, tantos cambios por hacer…