miércoles, 11 de julio de 2012
Día tanto.
Tantos días… tan diferentes.
He comenzado a tener una serie de encuentros con lo que ahora llamo personalidad, me he inundado en las letras y en mi apatía, me he sentido afuera, lejos, resumiendo mi vida en una serie de cajas de cartón repleta de mis pertenencias, como si esperaran a que mi carácter un poco desnivelado les indicara cuándo es el momento de salir.
Caminando y desesperándome, leyendo toda clase de letreros que me pudieran salvar la vida para poder sentir al final de la noche que descanso en mi propia cama, en mi casa, en ese lugar tan sincero, vacío del rencor, en dónde me sienta aceptada tal cual soy, incluso en mis días de neblina.
He comenzado a presenciar una serie de circunstancias que me hacen sentir cada vez más sola, pero más tranquila, me he salido de una burbuja difícil de asimilar, pero menos dañina, me he sentido sincera, melancólica y con los pies más en la Tierra que nunca. He comprendido que no toda la gente es buena, pero que la que realmente existe para hacer sonreír las personas, son contadas, y son a las que nunca vemos.
Y al final de cuentas, con la energía sin reservas, con la garganta raspada, sentándome en los rincones para inspirarme y con la distancia tan marcada, valoro cada detalle, como si fuera el último, como si no tuviera la oportunidad de acariciarlo, como si contemplara a la persona amada.
Pocos días, tantos cambios, con tantas ganas de invitarte a pasar a tomar un café, imaginando mi mesa con las flores que tanto me gustan, tantos cambios por hacer…
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