miércoles, 25 de julio de 2012

Día Visita.


Me había desacostumbrado a lo que hueles en mi almohada, me alejé del espejo y mi piel se arrugó.
El tapete que compramos juntas, los martes, tantos martes.
Lejos de mí misma, cerca de tus pupilas, el saberme sola, el saberte aquí. Ya no nos acomodamos en la cocina, descubrí una manera de hacer las cosas, olvidando que lo que aprendí gracias a ti tejió mi carácter, del que tanto presumo. Cada que pasa más el tiempo, y esta circunstancia tan sonada, me doy cuenta de que mi terquedad se acelera, se intensifica, como todas las veces que me quejé de ti misma.
No me puedo arrancar del pecho la película de las noches, ni el libro rasgado, mi ritual más apreciado es el rinconcito para inspirarme, recordar que aún me puedo sentir triste, para olvidarme de mis comodidades.
Lamento no poder llorar con las canciones que me cantabas de niña, lamento concentrarme en mi taza de café y mi cigarro, lamento hacerte sentir que me acostumbré a que no estés aquí. Y aún así sintiéndome tan pequeña, y sintiéndome tan grande a la vez, buscando un lugar en dónde realmente pertenezca, y sólo encuentro el lazo que nos une en el fondo de mi corazón.
Te veo grande, te veo niña, crezco y te veo más a fondo, me veo en ti, me caigo mal, te caigo mal, pero a nadie he amado más.


No hay comentarios:

Publicar un comentario