decías que por su nombre no se tenía que nombrar
la canción lo decía todo por sí solo.
Ardía el humo en los ojos,
yo estaba segura de eso, tu también.
Parecía como si las lámparas de buró estuvieran dormitando,
esas lucecitas tenues sobre tu frente te hacían compañía,
te ayudaban a leer, te ayudaban a reír,
yo estaba observando la magia, no había remedio.
En los momentos en donde todos duermen yo despierto,
yo despierto y tu te duermes,
entonces puedo empezar a imaginar esos zapatitos azules subiéndome,
entonces puedo empezar a imaginar esos zapatitos azules subiéndome,
la escalera sin final, tu ventana cerquita,
compartiendo tantas cosas.
Estuve en el lugar de los manteles rojos,
estabas conmigo,
la canción te cantaba mentiras,
yo te las componía,
y tus manos al pie de mi cama, presentes.
Cuando yo imaginaba, imaginaba ese lugar,
entonces ahí estabas, leyéndome en la página cuarenta y tantos.

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