lunes, 1 de agosto de 2011

Día espera.

Mi maleta y mi zapatos siempre esperan, las salas de las terminales ya se me hacen familiares y los discursos de las señoritas de los autobuses me los sé de memoria.
Viajar en compañía del asiento vacío a un costado mío ha llegado a ser nostálgico, sobre todo cuando veo a tanta gente riéndose en el camino o dormidos sobre el hombro de su compañero...

Intento tener siempre sueño para acortar la distancia de camino, pero muchas veces no lo logro, y cuando pasa eso, tengo una serie de emociones encontradas sobre mi destino, hay una dualidad de realidades que me confunden y me hacen sentir sola entre experiencias muy dispares, ya no sé si mi rumbo es hacia casa, o me alejo de ella cada ves más, no distingo cuál es cuál y se me ha hecho costumbre tener la mirada perdida en puntos fijos para no sentir de más.

Siempre maletas y llamadas telefónicas, sentimientos extraños al ir y llegar, los abrazos de recibimiento, la sala vacía y silencio cuando vuelvo.

Mi maleta y mis zapatos siempre esperan, aquí y allá.

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