Lo que uno quiere en realidad no son muchas cosas.
Hoy dejé de querer a mis limitaciones, que siempre irremediablemente las cargo, pero la aferración que tenía hacia ellas era lo que me hacía sentir los huesos agrios.
La aferración y el amor son dos cosas que se confunden, por la intensidad, pero mi tranquilidad más preciada es saber dejarte ir, sonriendo y con los brazos estirados, respirando.
Particularmente este día, con sus persianas de papel doblado y el ruido ensordecedor, este día aunque encerrado, gira completamente en mí, particularmente este espacio me hace sentir plena, con mis dedos aprentando botones con letras, con mis infortunadas experiencias en la cocina, con mi sillón viejo, con el libro que siempre hablará de la locura, con este pasado que ya olvidé...
Y escucho canciones nuevas, eso es un paso adelante.
Y sonrío, sin que sea responsabilidad de alguien.
Lo que uno quiere en realidad, son tantas cosas... que se resumen con una misma, encontrarse, abrazarse.

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